miércoles, 24 de enero de 2007

Plaza de toros de Acho cumple 241 años

- Bicentenaria Plaza de Toros de Acho celebra aniversario con encerrona taurina el martes 30 de enero a las 11.00 de la mañana.

En 1766, a iniciativa del alcalde de Lima Agustín de Landaburu, se construyó la plaza de toros de la ciudad a la ribera del río Rímac. Acho es la tercera plaza más antigua del mundo y la Primera de América. Sólo la Maestranza de Sevilla y la plaza de toros de Zaragoza existían antes de la inauguración del coso rimense.

Plaza de toros de Acho
Grabado colonial (imagen: Wikipedia)

Hacho (en quechua: lugar elevado desde donde se divisa el mar) se convirtió desde ese año en el sitio definitivo donde habrían de celebrarse los festejos taurinos que tenían lugar en las plazas públicas desde la misma fundación de la capital peruana, dos siglos antes.

La primera corrida de toros efectuada en la Plaza firme del Hacho, se realizó el 30 de Enero de 1766, de acuerdo a la investigación del doctor Aurelio Miro Quesada Sosa, destacado intelectual peruano que fue director del diario El Comercio, cuyo profundo trabajo al respecto expusiera con motivo del bicentenario de la inauguración del coso del Rímac, el 9 de Febrero de 1966, en el Museo Taurino de Acho.

El cartel de la corrida inaugural lo integraron los espadas nacionales Pisi, Gallipavo y Maestro de España. El primer toro lidiado fue Albañil Blanco, con divisa caña y rosado, de la hacienda Gómez de Cañete, propiedad del burgomaestre limeño, Agustín de Landaburu.

A esta primera corrida de toros asistió el Virrey Manuel de Amat y Juniet, y el festejo se realizó sin contar todavía con el permiso y autorización del rey de España Carlos III. Desde aquella época Acho ha sido testigo de la evolución del toreo en el Perú, desde el apogeo de las figuras y suertes nacionales de los primeros siglos y su administración por parte de la Junta Real de Beneficencia de Lima a partir de 1832, pasando por la institución de la corrida formal a finales del siglo XIX, hasta nuestros días.

Antigua Plaza de Acho
Corrida de confraternidad peruano nortemaericana a principios del siglo XX (foto: Flickr)

En el siglo XX , el albero de Acho fue pisado por los más grandiosos intérpretes de la tauromaquia moderna como José Gómez Ortega (Gallito), Juan Belmonte, Rodolfo Gaona, Fermín Espinosa (Armillita), Carlos Arruza, Domingo Ortega, Luis Miguel Dominguín, Antonio Bienvenida, César Girón, Antonio Ordóñez, 'Paco' Camino, Santiago Martín (El Viti), Manuel Benítez (El Cordobés), Paco Ojeda, José Mari Manzanares, Juan Antonio Ruiz Espartaco, Enrique Ponce, José Tomás y Julián López El Juli entre otros. Hoy la plaza luce majestuosa y recia ante el paso de los años y adaptada a las demandas de la época.

Toril de la plaza de toros de Acho
Toril de Acho (foto: Miguel Bellido/Wikipedia)

En 1945 se hizo necesario remodelar el coso. El diámetro del ruedo (hasta entonces el más largo del mundo) se redujo de 90 a 60 metros. Sin embargo se amplió su aforo de 6 mil 300 a 13 mil 700 espectadores.

En la corrida de reinauguración participaron los toreros Rafael Ponce Rafaelillo, Juanito Belmonte Campoy, hijo de Juan Belmonte, y Adolfo Rojas El Nene.

Un año despés, a iniciativa del ilustre periodista Manuel Solari Swayne, Señó Manué, se inauguró la famosa Feria del Señor de los Milagros. Aquella tarde del 12 de octubre de 1946 partieron plaza el legendario Manuel Rodríguez Sánchez, Manolete, el mexicano Luis Procuna y Alejandro Montani, El Sol del Perú. Procuna, el impredecible torero azteca, cortó dos orejas y salió a hombros.

A la romántica plaza rosada de América la acompaña, cual galán enamorado, el misterioso Mirador de Ingunza, minarete republicano construido en 1858 por el abogado peruano Francisco Esteban de Ingunza y Basualdo tras haber recorrido y admirado las atalayas que dominaban los paisajes de los países musulmanes que visitó. Plaza y mirador han sido declarados monumentos históricos de Lima.

Existe una versión mítica, pero no acreditada, según la cual el mirador habría sido construído por Ingunza a raíz de una rivalidad amorosa con el virrey Amat y Juniet, quien le habría prohibido el ingreso a la plaza.


Paseíllo en Acho (foto: El Comercio/Enciclopedia Temática del Perú)

La Sociedad de Beneficencia de Lima Metropolitana convoca para este martes 30 de enero, a las 11.00 de la mañana, en el Museo Taurino de Acho (Jr. Hualgayoc cuadra 3 Rímac), a las actividades en conmemoración de esta importante fecha. A esa hora se celebrará una misa, seguida de un breve acto protocolar, almuerzo de camaradería y, como fin de fiesta, una tradicional encerrona taurina. Los actos serán presididos por las primeras autoridades del Estado y por el Presidente del Directorio de la Beneficencia, Manuel Eguiguren Callirgos.



Más: ACHO

lunes, 22 de enero de 2007

Agenda Taurina 2007

Está en circulación, corregida y aumentada, la Agenda Taurina 2007. Con nueve años de publicación continua, este documento es una herramienta imprescindible que contiene la más completa información sobre el mundo de la tauromaquia nacional, sumamente útil para todos los que tienen relación con la Fiesta Brava.

La edición 2007 incluye una breve biografía de cada uno de los matadores que han conquistado el Escapulario de Oro de la Feria del Señor de los Milagros, un homenaje al legendario torero peruano El Indio Cevallos, y a los más contemporáneos Alejandro Montani El Sol del Perú y Adolfo Rojas El Nene.

Alejandro Montani, uno de los mejores toreros peruanos de todos los tiempos, alternando con su amigo Manolete (foto: Caretas)


Hay que agradecer el esfuerzo que año a año vienen haciendo los autores de esta obra, los periodistas Carlos Castillo y Dikey Fernández, pues además de su utilidad diaria incluye importantes notas sobre la historia taurina del Perú.

Los interesados en adquirirla pueden dirigirse al Jr. Huancavelica 278, en el centro de Lima, a espaldas de la que fuera la antigua taquilla de Acho. Para mayor información pueden comunicarse al correo electronico: carracasal@hotmail.com.

domingo, 24 de diciembre de 2006

Toros y Navidad

 
Para los aficionados a las corridas de toros en Lima, la Feria del Señor de los Milagros siempre tiene como colofón las fiestas navideñas. Si bien es cierto que don Manuel Solari Swayne "Señó Manué", el gran propulsor de nuestra feria a mediados del siglo pasado, la concibió para el mes de octubre; en la práctica casi siempre se desarrolla entre fines de octubre y principios de diciembre.

Aunque este año nuestra temporada finalizó el 26 de noviembre, los aficionados de esta parte del Planeta de los Toros no dejamos de disfrutar todavía el buen sabor que dejó el fin de fiesta del la Fería taurina del Señor del Gran Poder, el 6 de diciembre, en la plaza de Iñaquito de la capital de Ecuador.

El Fandi y César Jiménez salen a hombros de la Plaza de Iñaquito bajo torrencial lluvia (foto: EFE, publicada en web burladerodos.com)

En aquella tarde dicharachera, festiva y juvenil; César Jiménez y El Fandi, salieron a hombros en medio de un diluvio. Faltaba desarrollarse medio festejo cuando se desató una lluvia torrencial. Mientras las figuras españolas Fandila y Jiménez debatían sobre la necesidad de parar la corrida se percataron de que ningún aficionado se había movido de su localidad. Hasta ancianos, niños y madres gestantes se apercibían de plásticos esperando el desenlace de las faenas. A pesar de que un inexistente sistema de drenaje convirtió el redondel en una piscina los coletas y los toros se batieron en singular combate. Incluso Jiménez terminó indultando al sexto de la tarde llamado Grandioso, de la ganadería Triana.

Empeñados en la lidia, ni el toro ni el torero resbalaron en el coso quiteño (foto: EFE, publicada en web burladerodos.com)

Así se vive la Fiesta Brava en América, respaldo moral y real de la tauromaquia frente a las Escilas y Caribdis que proclaman ocasos pírricos en España.

Tecleando estas vísperas pascuales queremos recordarles que, mientras disfrutamos de nuestras navidades, en Costa Rica se están realizando los festejos populares en la céntrica localidad de Zapote. En ellos se instalan juegos mecánicos y chinamos o puestos de comida. El plato principal de dichas fiestas son las corridas de toros. Todo el mes de diciembre hay desfiles, carnavales, fiestas, y procesiones religiosas en todos los rincones del país. Las corridas han sido famosas en Costa Rica desde tiempos coloniales. Populares desde entonces, tienen lugar en la arena de Zapote cada noche durante la estación festiva. Si bien es cierto los toros no son heridos en la versión costarricense de la Fiesta Brava, los hombres sí son corneados. Es todo un acto diseñado para soltar adrenalina y aliviar las frustraciones del año que muere. El momento más popular es la carrera, cuando decenas de jóvenes entran corriendo al ruedo para asuzar al toro y provocarlo para que ataque.

Mientras tanto, ya está programada la corrida navideña de la Temporada Grande 2006-07 en la Monumental Plaza de México para mañana lunes 25. El cartel está integrado por el diestro español Antonio Barrera y los jóvenes mexicanos Leopoldo Casasola y Enrique Espinosa "El Cuate".

TAUROMAQUIAS les desea a todos los aficionados y actuantes de la Fiesta Brava una muy feliz Navidad y un grandioso año taurino 2007.

Imagen: Víctor B./Flickr




/vta

jueves, 14 de diciembre de 2006

La Cuadrilla de Silverio Pérez

Por: Hildebrando Pérez Grande (Lima, 1941)

Poeta y actual Director de la Escuela de Literatura en la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos. El ganador del Primer Premio de Poesía Casa de las Américas en 1978, nos revela su pasión taurina en el siguiente testimonio.

Le debo a mi padre el sabor trágico de la fiesta taurina, que siempre ronda en Acho, y, por supuesto, en mi vieja casa. Ahora, a manera de homenaje por su magisterio inolvidable, a distinguir me paro para ver por dónde va el torpe toro de mi vida, y decidir cuál de las suertes me vendría bien. Eso sí: al toro siempre por las astas.

Abril de 2001. Hildebrando Pérez Grande acompaña a Mario Vargas Llosa a recibir el doctorado Honoris Causa de San Marcos. Además de ser literatos y sanmarquinos, ambos comparten la pasión por los toros (foto: Vladimir Terán)


Me gusta el pase hondo, profundo, parsimonioso, sevillano, a pie firme, sin aspavientos ni mañoserías ni fuegos fatuos. Ver volar como una mariposa encendida la capa fucsia cuando el toro está en sus plenos poderes, ah! cómo no decir que es un poema en el aire. Recibir al toro como quien recibe un mensaje de los dioses, llevarlo al centro del universo donde relampaguea la soledad más estremecedora, mirar los tendidos con cierto desplante y tocar el cielo o el infierno con la muleta claveteada de arena y sangre y miedo contenido, no es acaso la escritura de lo inefable? A mí me conmueve pensar que hay alguien que se juega la vida ante miles de ojos igual que cuando nosotros nos inclinamos en silencio y soledad sobre la página en blanco para escribir o morir en el intento. es el mismo rito. Olé.

No me gusta el tremendismo ni en los toros ni en la literatura, pero si reconozco el garbo y el valor. Nunca vi a Silverio en su rosedal, pero si vi a Carlos Arruza y su teléfono, los trajes insólitos de Luis Miguel Dominguín, al inmenso Antonio Bienvenida, al querendón y odioso a la vez de Luis Procuna (yo fui uno de los que lo acompañó por las calles de Lima rumbo a la comisaría después de una tarde de escándalo), a César Girón y sus espectaculares rehiletes, pero me quedo con el Maestro Antonio Ordóñez. Guardo memoria, también, de Humberto Valle, siempre valeroso aunque de muleta sucia. Estuve -mi padre me llevó- en la inauguración del Monumental de Chacra Ríos, levantada para una posible temporada de verano. Mal negocio, mucho viento. Pero siempre fui fiel, hasta ahora (cosa rara en mi vida), a la plaza de Acho, a Sol, al tendido 13. Y después a la ronda de cervezas para celebrar una buena faena o para hacer correr el río místico de otras tardes felices.



Torero mexicano Silverio Pérez, el "Monarca del trincherazo" del pasodoble de Agustín Lara, falleció el último 2 de setiembre a los 90 años de edad (foto: web La Crónica de Hoy de México)


Ahora hay otros astros taurinos, y como los astros, los veo lejanos, remotos: ni su luz ni su fuego iluminan mi vida. Apenas chispazos. Fósforos que se prenden y se apagan en las tardes limeñas. De rato en rato sale alguien con la mano y la elegancia de Ordóñez, el temple y la alegría de Bienvenida, el coraje y el mando de Girón. Los nuevos toreros, tal vez tienen un nuevo lenguaje y la misma pena, una nueva propuesta y la misma gracia, pero no sé si tienen esa aureola de soledad o de delirio que la técnica mediática no ha sabido recrear. Quiero decir, soy un cómplice desahuciado del aire clásico de la fiesta taurina: siempre voy, siempre iré, hasta que la Virgen de la Macarena me saque un día de mi tendido de Acho y de mi curso de Literatura Española en San Marcos, y me lleve, como quien va por uvas, a la Plaza Celestial donde Silverio Pérez, estará retocando un par de limpios trincherazos o intentando un vistoso alimón con su hermano Carmelo, previo tequila, que yo aplaudiré a rabiar, mientras repito un verso hondo, solemne, profundo, sevillano de Luis Cernuda que dice: "Vivir es estar a solas con la muerte".


Nota de los editores: El "Monumental de Chacra Ríos" es ahora el Coliseo Amauta.


Publicado por: Vladimir Terán A.

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"Aguantar, parar, mandar...". ¿Y templar?

La cita anterior al escritor taurino francés Claude Popelin hablaba de "aguantar, parar y mandar...". Cabe preguntarse: ¿Y dónde queda el templar?

Si bien es cierto que el mismo autor describe dos párrafos más adelante la regla de templar como la "obligación del torero de ajustar su ademán al ritmo de la embestida", coincidimos con el comentario atinado del actor y periodista taurino Baldomero Cáceres Vegas, para quien el templar es indesligable de las normas del buen toreo actual.

Popelín agrega: "...si [el torero] despega prematuramente el trapo de los ojos del toro, queda al descubierto, y, en caso contrario, se expone a que el animal se lo arranque. Esta atención al timing -como se diría en inglés- se llama templar. Ejercida minuciosamente, confiere al toreo lo que se llama temple, cualidad bastante rara y apreciada por el público. El torero de temple da literalmente la impresión de disminuir a su voluntad la impetuosidad del toro".

Muleta templada por Domingo Ortega (foto: blog Naturales)

Ahondando en las normas clásicas, presentamos a continuación fragmentos de una conferencia dada por Domingo Ortega, gran torero de Borox (Toledo), en 1950.

"El arte del toreo es una cosa muy compleja; digo compleja, porque cada uno lo ve de manera distinta; por lo tanto, yo, trataré de hacer un esbozo del arte, tal como lo he visto a través de mis veinte años de profesión y veinticinco de aficionado..."

"Tenemos que partir de que es un arte muy joven, en relación con las demás artes, pues mientras éstas han alcanzado tal definición hace miles de años, nosotros llevamos, total...cuatro días...".

"...no hay que olvidar que no se trata de un ballet, en que conseguida la estética visual está logrado todo, sino que el toreo tiene un fin determinado [someter y reducir al animal], y una estética visual en su caso, si no lleva consigo la eficacia que produce el bien hacer el arte, será negativa, aun cuando cuente con el aplauso de muchos espectadores...".

"Es muy curioso oír a los aficionados lamentarse sobre el estado actual de la fiesta, y yo les diría: ¿Pero cómo pueden ustedes sorprenderse de esto? ¿Es que creen que esta situación ha surgido por ley espontánea? No, señores, ha tenido su proceso, y ustedes han tenido gran parte de ello; digo gran culpa, porque no sería justo echársela toda. Bien es verdad que no sé si hoy existen aficionados, y si existen se han dejado arrollar por la masa, seguramente porque la vida tiene problemas más importantes que la afición a las corridas de toros, aún para los más apasionados...".

"Considero culpables a los aficionados, porque no han sido consecuentes en sus convicciones, probablemente porque han sido partidarios de las personalidades de los toreros , pero nunca, o casi nunca, conscientes de las buenas normas de practicar el arte; de no haber sido así, con los malos ratos que han pasado y el dinero que a muchos les costó esta afición posiblemente no se hubiesen abandonado las normas del bien hacer el toreo...".

"Los aficionados tienen mucha culpa por no haber sido fieles a las normas clásicas: Parar, Templar y Mandar. A mi modo de ver, estos términos debieron completarse de esta forma: Parar, templar, CARGAR, y mandar; pues, posiblemente, si la palabra cargar hubiese ido unida a las otras tres desde el momento en que nacieron como normas, no se hubiese desviado tanto el toreo. Claro que también creo que el autor de esta fórmula no pensó que fuese necesaria, porque debía saber muy bien que, sin cargar la suerte, no se puede mandar, y, por lo tanto, en este término iban incluidas las dos.

Bien entendido que cargar la suerte no es abrir el compás, porque con el compás abierto el torero alarga, pero no se profundiza; la profundidad la toma el torero cuando la pierna avanza hacia el frente, no hacia el costado...".

"...sabe Dios que el hacer esta aclaración no es crítica para nadie, ni siquiera critico el momento actual de la fiesta. Yo tengo un gran respeto para todos los que visten de torero; pero una cosa es el respeto que a mi me merezcan, y otra, muy distinta, decir mi manera de ver el bien hacer el toreo, pues creo francamente que esto puede repercutir en beneficio de la fiesta, y, en consecuencia, de todos los que visten de luces".



La conferencia completa, ofrecida en el Ateneo de Madrid, el 29 de marzo de 1950, se encuentra en este enlace.


Bibliografía:
ORTEGA, Domingo El Arte del Toreo
Madrid, Revista de Occidente, 1950 págs. 12-23

POPELIN, Claude El Toro y su Lidia
Madrid, Calleja, 1956 págs. 30-31

Publicado por: Vladimir Terán A.


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