lunes, 27 de marzo de 2017

"De aquí salgo triunfante o salgo muerto". Pablo Salas


CRÓNICAS HISTÓRICAS

El matador peruano Pablo Salas, el cuarto torero peruano en ganar el Escapulario de Oro de la Feria del Señor de los Milagros de Lima -el 6 de diciembre de 1992- se encuentra internado en el Hospital María Auxiliadora de Villa María del Triunfo debido a un grave accidente de tránsito sufrido hace unos días en la carretera Panamericana Sur. 
Él viene recibiendo el apoyo desinteresado de los verdaderos aficionados que nunca olvidan a los toreros que hacen historia. A propósito, reproducimos aquí la emotiva crónica viajera que en su momento le dedicara el recordado periodista César Terán en página central del diario La República, quien encontró al diestro horas después de haber alcanzado la gloria en Acho, refugiado en su pueblo natal de San Mateo, en las alturas andinas de la capital del Perú.

- Escribe: César Terán Vega
- Fotos: Óscar Retto Saldaña 

La promesa de Pablo Salas Gonzales, el matador que ganó el Escapulario de Oro, antes de codearse con la gloria en Acho

A Pablo Salas, el torero cholo que el domingo último en Acho dejó con un palmo de narices a los encumbrados ídolos españoles de la tauromaquia y les arrebató el Escapulario a punta de coraje y huevos; finalmente, le asustó el resplandor hiriente de la gloria, lo abrumó tanto halago, tanta lisonja venida así de golpe, brutalmente, como antes, en sus inicios, lo asaltaban el hambre, la soledad, la pobreza

Pablo, el sencillo pero temerario torerito peruano, sintió vértigo cuando en la tarde soñada del domingo salía por la puerta grande de Acho, en hombros junto a Vicente Ruíz 'El Soro', en medio de las exclamaciones y lágrimas de un público que se le había rendido totalmente.
Y, más tarde, trastabillo nuevamente en los exclusivos salones alfombrados del hotel Sheraton cuando los más exigentes críticos peruanos y españoles, empresarios, ganaderos, guapísimas muchachas del jet set, lo acosaban, repetían su nombre con asombro y devoción, aclamándolo hasta el delirio.


Ayer, este increíble "novio de la muerte", no pudo más y volvió a sentirse niño, un poco indefenso para recibir con aplomo y elegancia la embestida avallasadora de la fama.
No resistió más tanta dicha este pequeño y cobrizo atleta con alma y músculos de piedra y huyó trémulo a refugiarse en su amada tierra de San Mateo de Huánchor, camino de las altas cumbres andinas, bordeando ya los 3 mil metros de altura sobre el nivel del mar.
Necesitaba reencontrarse consigo mismo. Habían sucedido tantas cosas maravillosas a partir de la heroica tarde del domingo en Acho, que Pablo sentía que su personalidad se le estaba yendo de las manos hasta casi ya no pertenecerle.


"Es que todo esto me está pareciendo demasiado lindo, demasiado chévere, que hasta da miedo. Será pues la poca costumbre" nos dijo ayer con su inseparable humildad cuando le dimos "caza" en la plaza de armas de San Mateo.
El Pablo pueblerino de ayer no era el Pablo espartano de la arena de Acho.
El muchacho sencillo, silencioso, nostálgico de ayer que buscaba el empinado y pedregoso caminito, bordeado de pircas, magueyes y eucaliptos y que conduce hasta su casita de allá arriba, donde siempre lo espera mamá Edecia, no parecía ser el mismo león que el domingo en Acho dijo antes de su formidable faena: "De aquí o salgo tirunfante o salgo muerto", y cumplió con lo primero, aunque estuvo muy cerca de pagar con su vida el precio de la gloria.
Solo la amistad y el compañerismo de Luis Valladolid, su apoderado, y de Alejandro Arrieta 'El Tata', su consejero más cercano, pudieron guiarnos hasta encontrar al nuevo ídolo de la tauromaquia peruana en las bucólicas y soledosas callecitas de San Mateo.
Enfundado en deportivo blue jean azul y un polo color morado, calzando ágiles zapatillas blancas y protegido del ardiente sol andino por una torera cachucha, Pablo caminaba ayer silenciosamente, dulcemente, por todos aquellos lares que fueron testigos de su infancia.
La plaza de armas, la iglesia matriz del pueblo, el bullente río Rímac, el puente que une los barrios de San Mateo y San Antonio, las placitas de toros de ambos, las pequeñas tiendas, todo lo recorría con una inocultable unción casi religiosa.
Y la paz casi rural del pequeño pueblo de San Mateo invitaba también a la reflexión y al recogimiento espiritual.
Solo, de rato en rato, uno que otro habitante advertía el retorno del hijo ausente y entonces estallaba el jolgorio, y venga acá el abrazo fuerte para este muchacho que, quien lo iba a creer, ahora es nuestro orgullo, nuestra más grande alegría.
Y Pablo siempre mesurado, solo una limpia y franca sonrisa y unas pocas palabras de agradecimiento y de cariño a los hombres, mujeres y niños de su tierra.
Luego, a seguir caminando por las calles de la infancia, entrando no más a San Mateo antes de llegar al centro del pueblo hay una zona umborosa de eucaliptos que se llama Bosque de Lobitos, claro pues amigos, cómo no recordarlo si aquí venía con la chiquillada de la escuelita 995 y nos poníamos a jugar haciendo de Tarzán.
Más arriba, ya en la calle principal estalla la risa alegre de doña María, una señora gorda de cara bonachona y colorada con sombrero de ala ancha de paja y mandil de vendedora de mercado. Ella es la comadre de mamá Edecia.
- ¡Shimo!, grita con toda su alegría cantarina de matrona de mercado y abraza al matador como se abraza al propio hijo que se ha dejado de ver por mucho tiempo.
Pablo se sonroja. "¡Ah caray!, ahora sí que me van a fregar los amigos en Lima, con lo chismoso y bandido que es este Tata. Shimo era mi apodo, mi chapa de chiquito desde mi casa, y me seguían diciendo Shimo cuando ya estaba en la escuela. A propósito, nunca supe porque me lo decían, por qué habrá sido, mi mami me sigue llamando Shimo, pero ni ella me lo habrá sabido explicar".
Los pasos del torero se encaminan hacia la pequeña y pintoresca placita donde se yergue la iglesia del pueblo.
El matador hace la señal de la cruz sobre los labios y sobre el pecho y entra en el templo.
Allí reina una quietud que realmente apacigua el espíritu del caminante.
En la fresca penumbra solo iluminada por los cirios y las velitas votivas, Pablo Salas se postró de rodillas ante el altar mayor y le rezó quedamente al patrón San Mateo y al Señor de los Milagros.
Al salir reiniciamos la conversación:
- ¿Eres religioso?
- Sí, claro, como no había de serlo. Yo siento que Dios y la virgen María siempre me acompañan en los momentos de triunfo y también en los momentos difíciles.
Fíjate, el domingo antes de la corrida un amigo mío se acercó y me dio un escapulario o detente del Señor de los Milagros, yo lo guardé dentro de mi chaquetilla, junto al corazón. Al terminar la faena, cuando todo era un loquerío, cuando salía cargado a hombros en la puerta de Sol se acercó un desconocido y me alargó la mano. Un billete dije yo y no, era un escapulario de la virgencita de las Nieves.
Pablo ve que unos niños de caritas tostadas por el frío andino retozan en la plazuelita y se vuelve a emocionar, se siente identificado con ellos, él era exactamente como ellos y jugaba hora tras horas en aquel mismo lugar.
Parece que los chiquillos entienden su emoción profunda y se acercan sonriéndole con ternura tímida, silenciosa.
Al reemprender la peregrinación aprovechamos para hablar nuevamente de los toros, de la trayectoria de este formidable campeón de los ruedos y él se deja arrastrar por la emoción, olvidando momentáneamente su promesa de no tocar el asunto.
- ¿Desde cuándo toreas?
- Desde muy niño. Mi padre Vicente Salas tenía mucho ganado allá en aquellas alturas que estás viendo y también más atrás en las encañadas profundas. Antes todo eso era verde, cubierto de pastos, árboles y chacras, ahora me da mucha pena que la sequía haya convertido ese verdor en faldas peladas y muertas. Mi padre y mi madre, que en ese entonces vivían juntos, llegaron a tener hasta 300 cabezas de ganado y también teníamos ovejitas, cabritos, sembrábamos papas, maíz, ¡Qué linda era la vida entonces! ¡Qué felices éramos yo y mis ocho hermanos! ¿Sabes?, aquellos años de felicidad no los cambiaría por todo el oro del mundo.
- Comprendo Pablo, pero te preguntaba cuando comienzas a torear en serio, profesionalmente.
- Fue aquí mismo en San Mateo el año 80, yo tenía solamente 12 años de edad para la fiesta patronal del 22 de setiembre. César Llanos y José Catalán vinieron pero no torearon porque no llegaron a un acuerdo económico. Nos íbamos a quedar sin corrida de toros, pero todos sabían que yo toreaba en los potreros y que el año anterior me había metido de espontáneo, así que me atreví y salí bien del desafío, tanto que César Llanos me dijo: "Lo has hecho muy bien muchacho, anda a Lima, tú tienes futuro", y yo seguí su consejo.
- ¿Fuiste de frente a probar suerte en Acho o seguiste toreando en los pueblos?
- Tú sabes cómo sufrimos los toreros peruanos, hay muy poca oportunidad y tenemos que jugárnosla enteros en los pueblos. Yo no fui la excepción, primero le entré a las corridas de los pueblos vecinos de San Mateo. Nunca podré olvidar mis primeros triunfos en las placitas improvisadas de Viso, Para, Chicla, Casapalca, Villotingo, Pacocoche y otras.
- ¿Cómo te trató Lima?
- No me puedo quejar, además ¿para qué acordarse de los momentos tristes si en compensación a tantos sufrimientos he encontrado gente tan noble como don Lucho Valladolid y el bueno y grande de Alejandro Arrieta 'El Tata' además de otras grandes amistades que me han sabido extender la mano cuando más lo he necesitado?
- ¿Quién ha sido tu mejor maestro en tu etapa profesional de novillero?
- Mi maestro, mi gran maestro y hermano, el matador José Antonio Rodríguez, debe estar muy contento en España con este triunfo de Acho, que aún no cabe en mi pellejo y por eso me sigo pellizcando fuerte para comprobar si no estoy soñando... José Antonio fue un verdadero guía para mi, siempre me decía: "Cuando toreas en Acho has cuenta de que estás en un pueblo cualquiera, en una plaza cualquiera, no te acomplejes ni te chupes, saca el mismo valor y haz lo que siempre sabes hacer".
- ¿Cuándo empieza para ti la campaña fuerte que te ha llevado hasta el Escapulario de Oro del Señor de los Milagros?
Fue hace cuatro años, después de que don Lucho Valladolid me lleva a torear a la tierra de su esposa en Orcotuna, Huancayo. Me entregué todo en esa feria y don Lucho me agarró cariño, desde entonces hemos caminado juntos por casi todas las plazas del Perú.
- Me dice que este año ha sido muy intenso para ti y que este triunfo de Acho, tan sorprendente para algunos, no es más que el resultado de un trajín muy duro por los ruedos.
- Mi trajín siempre ha sido intenso. Yo siempre dejo el alma, corazón y vida en cualquier plaza, por más humilde que esta sea. Desde el 1 de enero de este año puedo contar 35 corridas y muchos triunfos. El 23 de agosto toreé en la Arenas de Lima de La Victoria y corté cuatro orejas y un rabo, en Coracora (Ayacucho) gané el escapulario de la Virgen de las Nieves, en Pausa también gané el escapulario del Apóstol Santiago; en Tacabamaba, un pintoresco pueblito cerca de Chota, corté dos orejas alternando con el venezolano Curro Zambrano.
- ¿Aún no has toreado en Chota?
- No, pero estoy deseoso de hacerlo. Después de triunfar en Tacabamba, Adolfo Alva, el alcalde de Chota, me dijo: "Eres un gran torero, las puertas de la plaza de Chota están abiertas para ti, si te animas, allí será tu alternativa con toreros españoles". Esos gestos, mi querido amigo, no se olvidan así no más.
La charla taurina se hace interminable, pero el cansancio de la caminata nos advierte que estamos ascendiendo por un estrecho y escarpado caminito hacia lo más alto de uno de los grandes cerros que protegen la ciudad de San Mateo.
Pablo busca la casa materna. Tras una media hora de camino llegamos a una humilde morada de paredes de adobe y techo de calamina.
La casita de Pablo está rodeada de un corral para el ganado, potreros, abrevaderos y una extensa chacra de papas.
Rosa y Julia, las últimas hermanas mellizas salen al encuentro y no pueden creer que su hermano, que ayer no más ha brillado como el sol en Lima, esté allí con sus colaboradores y con sus amigos periodistas.
No hay muchas palabras, no las hay para expresar emociones tan intensas, solamente abrazos muy estrechos, miradas muy tiernas, sonrisas y besos.
Pablo se entera con mucha pena de que mamá Edecia ha salido muy de madrugada rumbo a las alturas hasta el nacimiento de un manantial para dirigir las tareas de regadío de las chacras y potreros que se resisten a la sequía en las faldas de los cerros.
El matador dirige la mirada hacia la cumbre, en la dirección hacia donde se ha marchado su madre y luego recorre con sus ojos nostálgicos los andenes incaicos que aún siguen siendo cultivados siguiendo una tradición de siglos.
De retorno, Pablo repite el consejo que le dio Vicente Ruiz 'El Soro', cuando se encontraron en el Sheraton: "Muchacho, eres grande, muy grande, lo que has hecho en Acho es de los grandes, pero no te quedes aquí, busca otros horizontes, te lo mereces"...

VIDEO: Faena de Escapulario de Pablo Salas en Acho 1992 a Muñeco, de Jesús, N° 102, 453 kilos (Manuel González 'Kachi'/AficionPeru.com)


... Luis Valldolid y El Tata revelan que ya se está conversando con un afamado empresario colombiano para que Pablo entre a tallar en los carteles de su país con las más cotizadas figuras del toreo mundial.

VIDEO: Pablo Salas en Huañec, Yauyos, 2010 (Bruno Reyes C.) 


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