domingo, 30 de junio de 2013

Esaú Fernández indulta y sale a hombros con Robleño en Cutervo


Tercera corrida de toros. Sexto festejo de la Feria San Juan Bautista

Plaza de toros Jorge Piedra Lozada, sábado 29 de junio. Tarde soleada. Toros colombianos de Monterrey, que en promedio superaron los 500 kilos. El 2° bravo y el 6° bravo y noble. Los demás con casta, pero mansos y con peligro. Diestros españoles. El matador murciano Rafael Rubio 'Rafaelillo', silencio y silencio; el madrileño Fernando Robleño, dos orejas y silencio; y el sevillano Esaú Fernández, silencio y dos orejas y rabo simbólicos.

CUTERVO ES TAURINO. "Nuestra tradición es nuestra identidad" dice el lema de los cutervinos a la entrada de la plaza


Rafaelillo recibe de larga cambiada a su primer toro (540 kilos), que dio hasta cuatro vueltas al ruedo antes de fijarse en los capotes. Brinda al público. Intenta hacerle faena por derecha, pero el manso sale suelto de cada lance, con la cara arriba  y busca las tablas. Pinchazo. Estocada entera algo trasera.


El segundo de Rafaelillo, cuarto de la tarde, se demora una eternidad en salir de toriles. Recibe tres varas, dos después del aviso y con el juez de plaza de pie. El público le hace la bronca al picador David de la Barra. Suena la música pero el astado no permite la ligazón. El de Monterrey se revuelve rápido encontrando al diestro que tiene que corregir rápidamente. Termina castigando con la muleta por delante. Estocada calada.

Picador David de la Barra atendiendo las indicaciones del matador


El primero de Fernando Robleño, quien viste de blanco y oro con remates negros, recibe del picador una pica larga y otra después del aviso. Brindis a Cutervo. Insrumenta una faena de derechazos larga y ligada al son de la música. Manoletinas. Estocada entera de rápido efecto. Los tendidos de la Piedra Lozada se llenan de pañuelos blancos. Dos orejas.





El quinto de la tarde, segundo de Robleño, alto, de 560 kilos, no acude a los capotes ni a las varas por lo que tienen que cerrarle la salida y lo consiguen a medias. Suena el aviso. El picador cita al toro desde los medios y se arma la de Dios es Cristo saliendo los de a caballos bajo una lluvia de botellas de plástico y frutas. Luego, la bronca continúa en el callejón cuando el juez de plaza ordena sacar a dos picadores y estos son agredidos por guardaespaldas municipales. El astado, manso y peligroso, no ofrece oportunidad. Los tendidos se desentienden de la faena para celebrar al son de La calle Comercio. Estocada ligeramente caída.



Esaú Fernández, de blanco y oro. Su primer toro, tercero de la tarde, negro listón, sale suelto, no hace caso a los capotes, no toma las dos primeras picas y entra al callejón provocando el pánico antes de recibir el puyazo. Gazapea y acusa el efecto del castigo por lo que la faena no cuaja del todo, si bien Fernández logra muletazos de gran mérito. Pinchazo, caída y más de un intento de descabello con trompicón incluido.




El último, de 520 kilos en la pizarra, es el más pequeño de la tarde, pero demuestra bravura y nobleza de salida. Tras la bronca del quinto toro, recibe una mini pica de Yaco, que es aplaudida. Brindis a la tierra del Ilucán. Gran faena ligada y templada tanto por derechazos como por naturales rematados con largos pases de pecho. Indulto, indulto, se pide hasta el desaforo y el juez saca un pañuelo anaranjado. Dos orejas y rabo simbólicos. Importante triunfo de Esaú Fernández que sale en hombros con Robleño.






Los toros bravos y buenos se crecen ante el castigo y ofrecen su noble casta. En plazas de primera se pica al menos dos veces porque la suerte de varas sirve para probar la bravura del toro o para que demuestre que la tiene si es que ha dado señales de mansedumbre en el primer tercio. Un toro con peso y edad sin picar no se puede ni se debe torear porque su embestida es convulsiva y porque, por su propia naturaleza, puede sufrir muerte súbita.

Los picadores están a la orden de los matadores quienes son los que determinan la cantidad de castigo que debe recibir su astado. A veces el criterio del diestro no coincide con el de la autoridad de la plaza y esto puede provocar incidentes, pero el buen aficionado siempre debe estar atento a las condiciones del toro antes de juzgar al torero de a caballo y por supuesto que nada justifica que éste sea agredido por cumplir su función en la lidia. Del mismo modo, el castoreño debe ser sensible al temperamento de la afición y cuidar de no provocarla pues hace tiempo que están escritos los ritos y cánones que se deben respetar en cada tercio.

BIEN el certero bocinazo de don Manuel Mera, integrante de la peña taurina El Albazo, exigiendo que de una vez por todas se declare a Cutervo ciudad taurina por decreto municipal con rango de ley

MAL asesorado el señor alcalde de Cutervo, Raúl Pinedo, quien puso en riesgo la vida del diestro Esaú Fernández, cuando se encontraba lidiando al último de la tarde, al recorrer con un grupo de personas el callejón repartiendo polos a los tendidos.

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