viernes, 12 de julio de 2013

Las tierras de San Juan


CRÓNICA DE MIGRANTES Y NUEVAS REALIDADES. En Cajamarca, la fiesta del santo patrón proporciona el tiempo y el espacio ideales para el reencuentro de la cultura, los recuerdos, las nostalgias y las permanencias

- Artículo de César Terán publicado Hoy Viernes 12 de julio en la revista Variedades del diario El Peruano 

- Foto portada: Jhon Llatas Delgado

Tal como lo platean sociólogos y economistas la evolución del Perú contemporáneo está vinculada necesariamente a dos fenómenos: los sucesivos ciclos de efímero crecimiento seguidos de crisis económicas. Este proceso pendular generó constantes oleadas migratorias del campo a la ciudad, las que, entre 1940 y principio de siglo, desbordaron hacia una incontenible diáspora hacia el extranjero.

Hoy que la economía atraviesa por un periodo de solidez y estabilidad, nunca visto en nuestra historia republicana, los desplazamientos poblacionales no se han detenido, ni mucho menos, sino que ofrecen nuevas y múltiples manifestaciones, tanto en las grandes ciudades como en las provincias y pequeños poblados del denominado “Perú profundo”.
 
Lejana está ya la década de 1940, cuando empezó el inexorable desborde provinciano que invadió Lima, al que tantos años de investigación ha dedicado José Matos Mar.


Lima cholificada

La tradicional “Ciudad de los Reyes”, con acentuados rasgos criollos de origen colonial, fue cercada y desplazada por sucesivas invasiones.

Así comenzó lo que también algunos investigadores denominan como el proceso de “cholificación” de Lima. Hoy la capital con sus expansivos “conos” está constituida prácticamente por varias ciudades en una sola urbe. Igual fenómeno se observa en las grandes ciudades costeñas que viven un 'boom' progresista.


Cuando sobrevinieron las crisis que empobrecieron a las clases medias, las familias de abolengo de las ciudades provincianas vendieron sus tierras y otras propiedades y emigraron a la costa en busca de oportunidades de estudio y trabajo para sus hijos.

Claro que, en su momento, las familias terratenientes de las provincias sintieron también los efectos de la reforma agraria.

En fin, la tradicional población urbana fue desplazada por los campesinos medios y el rostro del Perú provinciano fue cambiando definitivamente.

En Lima y otras ciudades, cuando las oportunidades se fueron cerrando para las nuevas generaciones de migrantes, muchos jóvenes optaron por buscar un futuro seguro fuera del país, mayormente en Estados Unidos y Europa.

El oleaje migratorio se hizo más agitado, muchos provincianos emergieron y triunfaron individualmente, sobre todo en el campo comercial y empresarial, pero el estigma de la pobreza no pudo ser superado por la mayoría.


 Todos vuelven
Ahora que las crisis financieras tocan las puertas de las grandes potencias, el fenómeno se está invirtiendo y son muchos los peruanos que están retornando a la Patria.

En toda esta metamorfosis económica y social ejercen fuerte influencia la infraestructura vial con anchas y asfaltadas carreras, y la tecnología de las comunicaciones, la modernidad, que abarca todos los espacios geográficos y cambia hábitos y costumbres colectivos.

Todo este panorama inédito, materia de estudios e investigaciones de los especialistas, se ofrece a los ojos del viajero que abandona Lima y recorre ese “otro Perú” que poco a poco se está integrando en busca de una nueva identidad nacional, sin perder sus propias raíces.

En nuestro reciente recorrido por varias provincias cajamarquinas, con motivo de las fiestas patronales de San Juan, que se celebran en la última semana de junio, hemos constatado esa efervescencia social que acaso constituya el nuevo parto de la historia del que se habló en todo el siglo XX.

En las capitales provinciales de Chota, Cutervo y en los distritos de Llama, Huambos, Lajas y otros, las fiestas en honor del patrón San Juan Bautista son herencia adquirida en los primeros años de la conquista española.

Hace más de cuatro siglos, el fraile misionero agustino Juan Ramírez, marchó con las huestes conquistadoras evangelizando a los indios, abriéndose paso desde el río Cumbil, en la costa de Lambayeque, bajo dominio Mochica, hacia las cordilleras andinas. Refundó pueblos y los puso bajo la protección espiritual de Juan Bautista.



Tradición y modernidad
Esa tradición religiosa se mantiene intacta, así como otras de origen hispano como las famosas corridas de toros que ahora se escenifican en modernas plazas o coliseos, cuyas localidades se ven colmadas por aficionados urbanos y campesinos.

Sin embargo, junto a la tradición, la población de aquellas provincias andinas ahora practica nuevas costumbres sociales, sobre todos los jóvenes.

En plenas festividades es común ver a campesinos con sus tradicionales indumentarias, unos movilizándose a pie, en el típico caballo o en modernas camionetas 4x4.

Cada vez son son más los adolescentes que visten zapatillas “de marca”, ajustados pantalones jeans con bordados o roturas de moda, casacas, grandes y tradicionales sombreros de palma. En sus pintorescas alforjas llevan modernísimos 'smartphones'.

Otros grupos de jóvenes pasean por la ciudad y la campiña en motocicletas de último modelo.
No todo, sin embargo, es progreso y bonanza. La pobreza todavía campea en aquellas tierras de San Juan, especialmente en las localidades más alejadas y que no cuentan aún con carretera ni servicios básicos. Allí hay muchísimos peruanos que continúan esperando su oportunidad.

En algunos pueblos, las fiestas de San Juan duran una semana. El último día la gente se traslada masivamente hacia una explanada. Van cargando a la imagen del San Patrón. Ha llegado la hora del adiós.

Entonces aparece un espectáculo inolvidable. Mientras las bandas de música interpretan valses, huaynos, marineras y hasta pasodobles, un profundo sentimiento de nostalgia invade a la multitud.
Los que vinieron desde lejanas tierras extranjeras, los que habitan en otras ciudades del país, los campesinos, cantan y danzan, degustan los platos típicos y en la embriaguez de la despedida ruegan a “Sanjuancito” tener la oportunidad de volver el próximo año a festejar en esa pampa de nostalgia y esperanza.


LOS HUANCARUNA
Aunque son casos excepcionales, durante el fenómeno migratorio, existen familias de humilde origen campesino que han logrado conquistar las cimas del éxito a fuerza de mucho sacrificio y creatividad.
En Cajamarca los “troncos” de la familia Huancaruna eran modestos agricultores y pequeños ganaderos de la localidad de Yanocuna, distrito de Huambos, Chota.
Los hermanos Ricardo y Olivio no emigraron a la costa, sino a la ceja de selva del nororiente peruano. Primero se dedicaron a acopiar y vender café en Chiclayo. Su mercado se fue expendiendo. Ahora son productores e industriales, dueños de la marca Altomayo.
La temporal crisis cafetalera no los ha afectado, pues ya han incursionado con igual éxito en la industria azucarera y la actividad automotriz.

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