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martes, 2 de enero de 2018

Cartel de las corridas de toros de la Feria de Tizimín 2018


Toreros para el miércoles 3 y el domingo 14 de enero

YUCATÁN. Estos son los carteles para la Feria de Tizimín que se celebra en honor a los Tres Santos Reyes Magos su Monumental Plaza de Toros Artesanal el miércoles 3 y el domingo  14 de enero.

Miércoles 3 de enero. Toros de la ganadería San Martín de Porres (Didier Martín - Rafael Mendoza) para el mano a mano entre los matadores mexicanos Israel Téllez y Manolo Martínez.

Domingo 14 de enero. Toros de la ganadería San Martín de Porres (Didier Martín - Rafael Mendoza) para los matadores mexicanos Paco Rocha y Fabián Barba.

LA MONUMENTAL PLAZA DE TOROS ARTESANAL DE TIZIMÍN, YUCATÁN
La plaza de toros de Tizimín, al igual que La Petatera de Villa de Álvarez, Colima; es construida con materiales perecederos de la región por los concesionarios conocidos como palqueros, en un tiempo récord y exclusivamente para la fiesta patronal. Tiene 60 metros de diámetro y capacidad para albergar a unos cinco mil aficionados.

La estructura de la plaza de Tizimín se construye con maderas de la región de diferentes variedades y tamaños. Se amarra con puro bejuco de monte que al secar le da la firmeza necesaria para durar muchos años, al estilo de las casas mayas. A diferencia de La Petatera no tiene graderío, pero si tres pisos de alto en los que se colocan las sillas para los espectadores.


A la orilla del segundo y tercer piso se le coloca una madera gruesa para sentarse, que se conoce como “baranda”, que es muy solicitada por los jóvenes, para estar más cerca del espectáculo. La construcción corre a cargo de cada uno de los 60 palqueros, que se han transferido esa tarea de padres a hijos durante más de 150 años.

La cubierta es hecha de pura palma de huano verde recién cortado, para evitar incendios por la cantidad de voladores que diariamente se revientan en cada corrida de toros. La protección que separa al toro de los espectadores está hecha a base de maderas delgadas y peladas que se conocen como “jiles” que van amarrados y tejidos en celosía con soga hecha a base de fibra de henequén.

En la parte exterior del redondel se colocan las escaleras hechas de madera de la región fijados los escalones con tornillos o clavos de gran tamaño.

La de Tizimín y la de Villa Álvarez son dos construcciones monumentales artesanales de México que conservan más de 150 años de tradición. La Petatera ya tiene sendos reconocimientos por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), y el Gobierno del Estado de Colima. La de Yucatán, poco conocida más allá de la región, conserva intacta su condición de tradición cultural.

La Plaza Monumental Artesanal de Tizimín es una maravilla que merece ser distinguida como Monumento Artístico Nacional por el INAH, formar parte del Inventario del Patrimonio Cultural Inmaterial de México de CONACULTA, y del Estado de Yucatán al igual que la fiesta dedicada a los Reyes Magos de Tizimín.

Su construcción anual en días y su desarmado en uno solo, nos recuerdan a la plaza de toros La Feliciana o Sevilla de Celendín, Cajamarca (Perú), que también se erige a fines de julio de cada año con troncos de eucalipto, para recibir a más de 10 mil aficionados durante la Feria de la Virgen del Carmen.

Fuentes: Hugo Rodríguez Núñez/ PRODETUR

VIDEO: Tizimín 1 de enero 2017

Material Etnográfico: Fiesta patronal a los Santos Reyes de Tizimín. Inicio de la primera corrida de toros, se presentan el jefe de vaqueros, los toreros y la primera cuadrilla de vaqueros ante el juez de plaza. Entrada del primer astado ofrecido a modo de promesa.

jueves, 21 de junio de 2012

El emotivo debate taurino



Para el escritor boliviano Juan Claudio Lechín, autor de Las Máscaras del Fascismo y finalista del premio Rómulo Gallegos, se trata de una controversia entre las culturas del norte europeo y las del Mediterráneo y agrega que en el fondo, se está debatiendo la libertad, la cuál solo existe cuando respetamos lo que no nos gusta:

Con excesiva pasión y sin mucho rigor argumental se ondea la bandera anglosajona antitaurina. Por ejemplo, dicen que no se necesita saber leer ni escribir para matar toros, lo cuál también es cierto para matar lo que fuese. Salvo el doctor Lecter, los asesinos seriales son iletrados. Argumentan, también, la barbarie del espectáculo, cuando es greco-romano, cunas culturales de occidente. Tampoco es inquisitorial, como aseguró un debatiente, fallando su argumento en veinte siglos.

Se lo acusa de espectáculo sádico y The ultimate fight, en TV, que ha cobrado varias vidas humanas, es perfectamente aceptado. Dicen que da una “muerte cruel”, como si la invisible de los aviones teledirigidos que no salpican al shooter, fuera la adecuada. ¡Tenebrosa limpieza!

En realidad, la argumentación antitaurina es cultural, es fundamentalmente germánica (francos, anglos, sajones, etc.), históricamente enemiga de las culturas del mar Mediterráneo, cuna de la tauromaquia.

Durante la Ilustración, y por las luchas interimperiales de entonces, el norte europeo descalificó lo taurino así como denigró arteramente la única autocrítica colonial que jamás hizo imperio alguno: la leyenda negra española; mientras los anglosajones sistemáticamente exterminaban todo lo que no se pareciera a ellos o a lo que conocían: indios y búfalos en Norteamérica, aborígenes y al pájaro dodo en Australia y Nueva Zelanda. Se trata, pues, de un debate entre las culturas del norte europeo y las del Mediterráneo.

Mientras nosotros celebramos el día de difuntos, los norteamericanos le tienen fobia a evidenciar la muerte, a ritualizarla, por eso sus cementerios parecen campos de golf. Y nada que reprocharles. Cada quién con su cada cuál. El problema, entonces, no es adoptar sus fobias y defenderlas como insignias morales universales. Se vuelve un fanatismo religioso chabacano ser imitadores puros de la asepsia anglosajona, además de que resulta ser el principio de otra tiranía. ¿Por qué los toros para la plaza, no, y las vacas/engendros de Mac Donalds para hamburguesa, sí? ¿Por qué la crianza para el espectáculo, no, y para los triglicéridos y las hormonas, sí? ¿Porque es comida?, entonces Hollywood debería cerrar y sembrar papas.

EL SILENCIO DE LOS TERNEROS. Becerros para McDonalds en una granja de Surrey, Inglaterra
Creo que, en el fondo, se está debatiendo la libertad, la cuál solo existe cuando respetamos lo que no nos gusta. Los taurinos crían sus toros salvajes (de indudable ferocidad) y ellos los lidian, enmarcados en la ley, como en ley están los casinos, antros lindantes en la estafa y que nadie acusa vehementemente porque Norteamérica no lo hace. Los toros no causan daños colaterales como lo hacen la polución, el ruido y el tráfico agresivo, que no tienen enemigos equivalentes. Corolario: los valores para ser justos no pueden acomodarse al capricho de moda ni al gusto de cada quien.

Toro bravo de lidia criado en bosques protegidos junto a vacas, becerros, y bueyes que mueren de viejos 
No soy taurino, he ido una sola vez a Acho (Lima), pero creo preciso debatir nuestra libertad como concepto complejo y no simplista, e insistir también en cargar nuestra cultura de fuente, sin despreciar a nuestros abuelos, durante el viaje liberal de la modernidad.

Y finalmente está la extinción de especies. Si desaparecen las corridas se extinguirá el toro de lidia, pues su única razón de cría es este espectáculo. Diremos entonces ¡great! porque ya no se podrá decir ¡olé!

martes, 28 de julio de 2009

Yawar Fiesta. El cóndor y el toro, símbolos del dramático encuentro de dos culturas

Histórica y violenta Fiesta de la Sangre en honor al Señor de Ánimas

Antes de la corrida que se realizará el domingo 2 de agosto en el distrito de Chalhuanca, ubicado en la provincia de Aymaraes (Apurímac), se celebrará el Yawar Fiesta, tradicional rito en el que un cóndor andino lucha con un toro hispano.

La festividad taurina realizada en homenaje al milagroso Señor de Ánimas, está reconocida por el Instituto Nacional de Cultura (INC) como la Fiesta Mayor de Apurímac.

Si bien es cierto la Fiesta de la Sangre (Yawar Fiesta en quechua) no se celebra en todas las comunidades de la misma manera que se hacía en la época de la colonia, es destacable su significado y permanencia en nuestros tiempos.

El  espectáculo simboliza dramáticamente el encuentro y la fusión de las vertientes culturales que acrisolaron el proceso del mestizaje como piedra angular de nuestra actual peruanidad.

Existe todo un ritual para capturar a ambas fieras: la que vive en las cimas de los apus (montañas)  y la que proviene de Europa. Al final ambas vuelven a la vida y son puestas en libertad entre fiestas y danzas de los lugareños.



Aunque esta tradición ha desaparecido de numerosos pueblos, aún se practica en provincias de la sierra central peruana como Antabamba, Grau, Cotabambas y Aymaraes, en los que las comunidades indígenas todavía protagónizan gran parte de la vida social.

El rito consiste atar con argollas un cóndor, ave sagrada de los Incas, al morrillo del toro, de origen español. El rey de los cielos andinos se prende ferozmente con garras y pico tratando de mantener el equilibrio mientras el bovino se revuelve furiosamente de un lado a otro, ofreciendo un espectáculo singular de tremendo dramastismo.

El Yawar Fiesta es una tradición conservada por los comuneros. No la practicaron los "pueblos de indios" reducidos durante el virreinato, ni los indígenas de las haciendas. La Fiesta de la Sangre es un rito propio de las comunidades o ayllus.

 MATKA. Los campesinos exhiben sus habilidades taurinas

El cóndor es capturado en los altos riscos de la cordillera. Su peligrosa captura constituye una verdadera liturgia en el que participan las comunidades que luego compiten en la Fiesta. No debe ser herido ni lesionado, si no se quiere atraer la desgracia ya que se trata del más venerado de los animales sagrados de los Incas.

El toro bravo casi siempre es obsequio de los terratenientes de la región. Antiguamente este toro crecía en libertad. Su captura solía ser sumamente riesgosa y no era raro que cobrara la vida a uno o varios campesinos que participaban en ella.

Así lo describe José María Arguedas en su primera novela, Yawar Fiesta. Aún ahora los maktas u hombres jóvenes de las comunidades rivalizan en demostraciones de valor temerario, sobre todo en las versiones más tradicionales del rito.

Además de la litreratura, la antropología y el arte han intrerpretado el significado del Yawar Fiesta pues su permanencia en el siglo XXI  no solo representa la lucha entre lo autóctono y lo hispano en los Andes sino la peruanísima, conflictiva, convivencia de ambas vertientes culturales aún no sincerada y aceptada por todos.

 
En Chalhuanca, el trágico ritual será el preludio de la corrida en la que los toreros Juan Carlos Cubas de Huancayo, Perú; David Gil de Linares, España y Vicente Bejarano de Sevilla, España; lidiarán cinco ejemplares de la ganadería Santa Rosa de Lima.

El festejo estará precedido también por el despeje de briosos caballos peruanos de paso.



Fuentes:
En: La Rana Dorada, revista de historia y cultura



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