sábado, 2 de mayo de 2009

La muerte se viste de luces [VIDEO]

Un viernes 1º de mayo como ayer, hace 17 años, ocurrió la trágica muerte del gran banderillero español Manolo Montoliú en la Feria de Sevilla de 1992, víctima de una terrible cornada que le partió el corazón. Reproducimos aquí el artículo que con ese triste motivo publicamos en el diario La República el 10 de mayo de ese mismo año. Aquí también podrán ver el video del infortunado trance.


Escribe César Terán Vega

Los que más se exponen son los modestos banderilleros y los peones de brega. Para unos es un accidente de trabajo, para otros es el precio de la gloria, y para los detractores de la Fiesta Brava es la manifestación de un espectáculo bárbaro e irracional

El viernes 1º de mayo el satélite nos trajo las imágenes sobrecogedoras de la cornada fatal que sufrió en la plaza de la Maestranza de Sevilla el banderillero español José Manuel Calvo Bonichón, más conocido en los ruedos como Manolo Montoliú. Esta tragedia devolvió a la actualidad ese ingrediente que hace del toreo un espectáculo tan distinto y controvertido: la muerte.

Muerte de Manolo Montoliú
TERRORÍFICO. Preciso instante de la mortal cornada que sufrió Manolo Montoliú en la Maestranza de Sevilla. Nótese el par bien señalado un segundo antes por Manolo, "como en una peseta".

Nadie la desea, ni el público, ni el empresario, ni el ganadero, menos el torero, pero está allí, en el ruedo, como una sombra cierta.

Agazapada y acechante en los afilados pitones del toro, en el vuelo mágico de capotes y muletas, en cada lance que armonizan el hombre y la fiera, cual fino y grácil ballet de mariposas...

Desde tiempo inmemorial, ríos de sangre han corrido por los ruedos de Europa y América, pero esta cuota no siempre es entregada por el toro. Pese a la falta de una estadística americana, los entendidos estiman que, en este siglo, han muerto en las astas de un toro unos 350 toreros, en las plazas de España y en otros países en los que la tauromaquia sigue siendo una pasión de masas.

El Soro y manzanares cargan féretro de Manolo Montoliú
EL SORO Y JOSÉ MARI MANZANARES. Los dos maestros en llanto, cargan los restos del entrañable banderillero Montoliú.

De 300 toreros muertos en plena faena en los ruedos de España, solamente 55 fueron matadores, es decir el 18% por ciento. El resto está conformado por modestos banderilleros y peones de brega, aquellos llamados "toreros de plata" que tienen que aplacar su pasión taurina cumpliendo los roles secundarios de la fiesta.

Los duros percances que sufre un torero frente al astado son interpretados desde puntos de vista diferentes, según la reacción anímica del espectador ante una corrida de toros de lidia.

Para el torero profesional que hace de este rito formidable un medio de vida, es un accidente de trabajo aceptado de antemano por estos incomparables gladiadores.

Para quienes abrazan el toreo como una pasión y como un arte, para aquéllos que asumen en cada tarde el desafío consciente de la muerte, buscando acercarse cada vez más a la perfección y a la maestría, el encuentro con una cornada mortal no es sino el precio de la gloria.

Este carísimo precio puede saldarse en cualquier instante, aunque siempre se espera burlarlo hasta el infinito.

En cambio, para los detractores de la Fiesta, aquellos defensores de los animales o enemigos de la violencia, la muerte de un torero a consecuencia del ataque de la bestia, no es sino la expresión absurda de un espectáculo repulsivo y salvaje, impropio de una sociedad civilizada.

Paradójicamente, casi siempre los más diestros y arriesgados, aquellos elegidos que cosechan aplausos y admiración de los tendidos, son los que más se exponen a encontrar la muerte en su cotidiano desafío con el toro.

Los tratados de tauromaquia han registrado aquella paradoja, pero no es una regla; la tragedia siempre cubre de luto las más alegres plazas en forma sorpresiva, cuando menos se la espera.

Muerte de José Cubero El Yiyo
MUERTE DE EL YIYO. José Cubero suspendido en el aire cuando ya la vida se le iba como un río de sangre a sus 19 años.

Allí están los destinos dispares de dos fenómenos españoles del apasionante Arte de Cúchares: el gran Joselito y el -monstruo- Belmonte.

El primero apareció como una luz que deslumbró toda una época de oro de la tauromaquia mundial a principios de siglo.

Un maestro. Su primoroso capote bordaba filigranas en la arena y el toro sumisamente parecía amoldarse a su capricho genial.

Su poderosa muleta escribía un poema en cada tarde y nadie, ni el propio Joselito, hubiera imaginado siquiera que una tarde de 1920 en la plaza Talavera de la Reina, un retinto toro -Bailaor- tendría que matarlo sin ninguna consideración.

Belmonte marcó otra época con un estilo escalofriante. A su maestría añadía un denuedo que rayaba en la imprudencia. Fue el «monstruo» que acortó distancias con el toro hasta pisar y dominar el terreno de su enemigo.

Todos le pedían que detuviera su carrera temeraria. Nadie lo decía, pero todos lo pensaban: ¿Cuándo morirá Belmonte, en qué plaza, en qué maldita tarde?

Belmonte se retiró de los ruedos invicto, como una leyenda rutilante. Su muerte fue trágica, pero nada tuvo que ver con el toreo.

Parece que mientras más se encumbra un torero en las riesgosas cimas de la gloria, más se consustancia con una suerte de existencialismo fatal.

En su porfía perfeccionista y estética acepta con estoicismo la inminencia de la muerte en cada lance.

Manuel Rodríguez, Manolete, ese otro coloso de la tauromaquia, definía así su peligroso oficio: "La única manera de trabajar es meterse entre los cuernos de los toros».

Guillermo González Luque, su mozo de espadas, refiere que el aciago 28 de agosto de 1947 en la plaza de toros de Linares, España, el gran Califa tuvo plena conciencia de que el fatídico miura Burlero, que le había tocado en suerte, era un toro muy peligroso, pero que en ningún momento rehuyó el reto.

Aquella tarde negra, Manolete alternó en un cartel de lujo con Gitanillo de Triana y Luis Miguel Dominguín.

Su fiel mozo de espadas rememora así el último diálogo que sostuvo con el maestro incomparable:

- Matador, ese toro cabecea horrores, será mejor que lo mate de costado...
- Hay una sola forma de matar.

Manolete murió matando. A la hora de la verdad, ejecutando la suerte suprema. Aquella tarde había solo una forma de morir.

Muerte de manolete
MUERTE DE MANOLETE. El Califa en trance de agonía camino de la enfermería de Linares. (Foto: Cano).

El ritual trágico se reprodujo el último 1º de mayo con Manolo Montoliú.

El maestro José Ortega Cano y otros entendidos que estuvieron esa tarde en la Maestranza de Sevilla afirman que Cabatisto era un toro de cinco años, demasiada edad para pedirle buenas intenciones, es decir, nobleza.

"Ese toro estaba muy entero, faltó picarlo más. Además no era fácil, no lo hubiera querido para mí".

Al preguntarle su opinión sobre Montoliú como banderillero (antes fue matador) Ortega Cano dice: "Lo puro, lo natural, lo grande.., para mi era el mejor sin menospreciar a los demás".

Pero cuando se le pregunta si considera que Montoliú se confió demasiado al banderillear en todo lo alto a un bicho que no embistió, que se quedó esperando con todo su poder asesino, Ortega responde escuetamente:

"Creo que Manolo se entregó demasiado".

Muy pocas son las cornadas fatales que se recuerden en el Perú. En los años 40, el matador Guillermo Rodríguez, conocido como 'El Sargento', murió en Cusco pero no a causa de una cornada, sino a que el toro le pisó una mano y el torero contrajo el mortífero tétanos.

Cornada de José Torres
TRAGEDIA. Torero español José Torres cogido severamente en Lima contra las tablas y junto al burladero. Con esta foto el recordado René Pinedo ganó el Premio Internacional de Fotografía EFE 1982.

En la década del 70, el banderillero nacional José Scotto, más conocido por la afición como 'Cucaracha' sufrió una horrorosa cornada en el abdomen que difícilmente se podrá borrar de la memoria de los taurinos de Acho.

Dueño de una fortaleza increíble, Scotto pudo sobrevivir a tan terrible cornada que le comprometió varios órganos vitales.

No por eso la pasión torera ha disminuido en el espíritu indómito de este torero peruano, hace unas tres temporadas lo vimos reaparecer en el albero de Acho, ya no tenía la misma destreza que lo llevó a la fama, pero allí estaba como siempre, buscándole la cara al toro y a la muerte.


VIDEO: Muerte de Manolo Montoliú






3 COMENTARIOS /:

Anónimo dijo...

me parece de muy mal gusto el artículo, porqué no preguntar a esos hombres si cambiarían su vida por la de otro? ellos están más que mentalizados para las cornadas

Anónimo dijo...

lastima de todos los maestros y toreros de plata que han fallecido en el ruedo que lo daban todo es lo malo de la fiesta del toro pero tendremos que seguir porque el arte del toro es muy bonito como la tauromaquia misma









Anónimo dijo...

lastima de todos los maestros y toreros de plata que an fallecido en los ruedos es lo malo que a veces tienen que pagar en la fiesta del toro lo bonito que es el arte de la tauromaquia esperemos que no aiga ninguna tragedia mas

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