sábado, 5 de junio de 2010

Aparicio salió de alta, agradeció a Dios y está impaciente por torear

Torero que sufrió atroz cornada en el cuello se salvó de milagro

­"Gracias a Dios". Estas son las primeras palabras pronunciadas por el matador Julio Aparicio al salir de alta del Hospital 12 de octubre de Madrid, 15 días después de recibir la horrísona cornada que le perforó la lengua y el paladar.

Aparicio permaneció unos segundos mirando a todos los periodistas que le esperaban en la puerta del nosocomio. Después, solo pudo usar gestos y decir en voz muy baja un par de frases: «Muy ilusionado» (refiriéndose a que quiere volver a torear cuanto antes). Y «era difícil pero ya lo podéis ver» (al recordársele que los médicos han dicho que lo suyo es un milagro).


No habló más. Hubiera sido imposible con tanto ruido hacerse escuchar. En los dos minutos que duró el encuentro con los periodistas, fue su banderillero Rafael González quien respondió todas las preguntas. Aparicio sólo asentía, y con elocuentes ademanes abrazó a todos, hizo «la V» de victoria y alzó el pulgar de la mano derecha al tiempo que guiñaba un ojo en señal también de triunfo.

Antes de salir del hospital, la agencia EFE lo entrevistó brevemente en exclusiva, en los pasillos centro médico:

— No sé cómo puedo aguantar tanta emoción. ¿Verdad que ha tenido esto mucha transcendencia a nivel mundial?», se adelantó el torero con la pregunta.
— Sí, Julio, no te puedes imaginar. De todos los países se han interesado.

—¿Y, y, y... con respeto?.
—Sí, con mucho respeto. Lo han hecho muy bien. Te han tratado con mucho respeto.
—Pero ahora ya no puedo hablar. ¿Por qué no dices tú, que eres amigo, a tus compañeros que están ahí afuera que me perdonen, que otro día? Y que muchas gracias, ¡eh!. Y, y, y... si no que hable Rafael".

— Hombre, Julio, algo hay que decir.
— Sí, es verdad, pero no puedo, mira cómo voy. Y se señala el cuello. Aunque no se le nota nada. Absolutamente ningún signo externo del percance, disimulados los apósitos de la herida con un pañuelo a modo de corbata ancha, una prenda muy torera en el vértice abierto de una elegante chaqueta.

—¿Y ahí quién hay, cuánta gente está?.
— Pues como la Puerta Grande. Hay más cámaras y micrófonos que en una salida a hombros en Las Ventas. Y gente que quiere saber de ti y 'sacarte a hombros'. Julio, la gente te quiere mucho....

— Es verdad. Así que vamos p'alante. Hay que sonreírles, a ellos y a la vida.
— Tienes muchas palabras de agradecimiento para muchas personas.

— No te puedes imaginar. A muchos, muchísimos. A todos. A Dios el primero.
Y en ese momento se abrió la puerta automática que daba a la calle. Un aplauso y revuelo de preguntas.


«Este año lo volveremos a ver torear»

­«Como no puede hablar - dijo su banderillero en la puerta del hospital - me ha pedido que os transmita primero el agradecimiento por el interés que habéis tomado por la mejoría y por el estado físico y anímico del matador. Él os agradece mucho todo este interés de quince días seguidos por su estado».

«También me ha comentado, y podéis verlo, que tanto su estado físico como anímico es extraordinario. Evidentemente las heridas ahora hay que sanarlas, hay que curarlas. No se sabe cuál será el tiempo de recuperación», insistió el banderillero.

«Pero sí se sabe que el maestro va a estar haciendo temporada este año y recuperando la senda tanto de Nimes como de Castellón. Como de muchos otros triunfos que ya llevaba esta temporada. Reiteraros el agradecimiento y, por supuesto, que este año el maestro Aparicio lo vamos a volver a ver torear, sin ninguna duda», finalizó Gonzalez.

Otro de sus acompañantes apuntó: «ahora al campo. Estamos anunciados en muchas ferias, en Burgos, en Alicante...» y Aparicio asentía moviendo ligeramente la cabeza mientras los flashes le iluminaban.

Enseguida, el torero y sus acompañantes se abrieron paso entre aplausos para subir al jeep que conducía su mozo de espadas, José Francisco García «Niño de Las Ventas».

Según los médicos, el diestro recibió el alta hospitalaria debido a «la buena evolución» del traumatismo cervicofacial que le provocó la cornada sufrida el pasado 21 de mayo en Las Ventas.

Aparicio, de 41 años, sufrió la espantosa cogida cuando perdió pie durante la faena de muleta al primer toro de la tarde. El astado lo cogió por el cuello cuando intentaba levantarse.



Fuente: EFE
Foto: DiariodeNavarra.es

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