miércoles, 25 de noviembre de 2009

Ley de la competencia manda en Acho

Lecciones y esperanzas de la Feria del Señor de los Milagros 


- Fotos: Natalí Florián Medina

Artículo publicado hoy miércoles por Tauromaquias en el diario El Men


Los tiempos cambian y, cuando es para bien, ¡enhorabuena!

Eso está ocurriendo en Acho. En la segunda corrida de abono, de esta prometedora Feria del Señor de los Milagros 2009, alternaron tres grandes del planeta de los toros y triunfó el mejor de la tarde, Miguel Ángel Perera.

Hacía mucho tiempo que los aficionados de la legendaria plaza de Abajo el Puente no tenían muchas opciones para festejar y se contentaban con algunos relumbrones de las figuras y, de vez en cuando, aplaudía la rara presentación de un buen toro.



La corrida del domingo, al igual que la anterior, llamada “de la peruanidad”, nos han dejado grandes lecciones y también motivos de reflexión para el futuro.

Para empezar, la plaza estuvo casi llena, lo cual significa que la afición limeña mantiene al tope su esperanza y expectativa en esta cortísima pero lujosa feria.

Ya el día lunes la prensa taurina, incluyendo por supuesto a El Men y Tauromaquias.com, ha reseñado y graficado muy bien los pormenores de una tarde que tuvo decepciones, pero también momentos muy gratos. Hoy queremos invitar a la reflexión y el análisis a partir de aspectos poco comentados, que no deben pasar desapercibidos.

Uno de ellos es la salida de los toreros al final del festejo. Julián López 'El Juli', Escapularios de Oro 1998 y 2005, se fue entre pitos y protestas. Claro, la afición tiene el derecho a exigirle más a un matador de alta excelencia.

Como decimos al comienzo, los tiempos cambian, mas no siempre para bien. 'El Juli' ya siente la fatiga de tanto éxito, además, ha asumido otras grandes preocupaciones como ganadero y empresario. Ya tiene la gloria, ya no la persigue.

Manuel Jesús 'El Cid', otro español grande pero gitano, impredecible, se fue casi en silencio. Al parecer los tendidos comprendieron su entrega y honradez. Simplemente no estuvo bien y sigue en deuda con la catedral del toreo de América.

Miguel Ángel Perera, Escapulario de Oro 2004, se las trae.

Fresca aún está en la retina de los aficionados aquella épica tarde de Madrid, cuando fue gravemente cogido y tuvo el valor inmenso de redondear una faena histórica, mientras la vida quería escapársele en un río de sangre.

Cierto que el domingo en Acho le tocó el mejor lote del encierro compartido por los toros peruanos de Montegrande, y colombianos de La Ahumada.

Lo supo aprovechar. Dio un recital de toreo fino y clásico. En otros tiempos la autoridad le hubiera concedido las dos orejas en su primera su primero y excelente toro. Ahora no, la competencia en los carteles rematados por Taurolima es mucho más exigente.

Bien por sus dos orejas y bien por ganado la Puerta Grande de nuestra Plaza Rosada.

Ahí están pues, intactas, las posibilidades de Miguel Ángel. El domingo 6 de diciembre estará alternando con José Tomás, el “Monstruo de Galapagar”, y Finito de Córdoba. ¡Tremendo reto!

El desafío de la competencia, también ha llegado a los terrenos del toro, el rey de la fiesta brava. Los pupilos de Montegrande y la Ahumada, estuvieron bien presentados pero ninguno alcanzó la excelencia.

Qué bravura y cuánta nobleza puso en la arena el ensabanado Mesonero de la dehesa peruana. Lástima que le falta trapío y peso con apenas 461 kilos.

Se supone que los ganaderos sostienen un duelo aparte y se reservan lo mejor de sus respectivos encierros para los que falta de la feria.

Hay lecciones para todos, incluyendo a la empresa Taurolima, que ha está haciendo bien las cosas, pero que debe superar algunos inconvenientes y proyectarse a un futuro mucho más grande.


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