viernes, 5 de mayo de 2017

Roca Rey conquista Sevilla


Corta dos orejas al tercero y pierde la Puerta del Príncipe con el acero en el sexto; la estocada roba también el triunfo a Castella con un gran toro de Victoriano del Río, premiado con la vuelta al ruedo

- ANDRÉS AMORÓS/ABC Sevilla - Fotos: EFE

Una tarde de auténticas emociones taurinas: Roca Rey corta dos orejas a su primer toro y se queda al borde de abrir la Puerta del Príncipe. Al magnífico cuarto toro de Victoriano del Río se le da la vuelta al ruedo y Castella pierde los trofeos por los aceros.

Roca Rey cortó dos orejas en La Maestranza
El primer toro, ensabanao salpicao, es una preciosidad, digno de un Museo de Ciencias Naturales. En cuanto ve al caballo, embiste, derriba y salta por encima del caído picador. Como flaquea, quiere Sebastián cambiarlo con una sola vara, después de esto; acierta el Presidente José Luque Teruel (hijo del inolvidable Andrés Luque Gago) al negarse. En la muleta, la res tardea y se apaga. Castella está firme y tranquilo pero no logra el lucimiento. Mata mal.

Primer toro de Castella tumba al caballo y salta por encima del picador.
Tiene la gran fortuna de que le toque un toro extraordinario, el cuarto, “Derramado”, castaño, de 520 kilos, que va derramando bravura por el albero: es suave en el capote; va bien al caballo; galopa en banderillas (saluda Chacón); en la muleta, no se cansa de embestir, de largo y en corto, humilla, hace el avión… Todo un repertorio de virtudes. Castella torea reposado, con gusto, sintiéndose, aprovechando la gran nobleza del toro, con todo su repertorio. (Sólo le sobran las manoletinas finales, impropias de una res de esta categoría). Tenía ya las dos orejas en el bolsillo pero las pierde por el descabello. Se le da una merecida vuelta al ruedo al gran toro.

En su última tarde de la Feria, a Manzanares le tocan los dos toros menos lucidos. El segundo es brusco, derriba al caballo pero sale de naja; en banderillas, aprieta y corta el viaje. Manzanares, molesto por el aire, lo mete bien en la muleta, con un toreo pausado, muy técnico y también emocionante, por las dificultades del toro, que está a punto de sorprender al diestro varias veces, hasta que se raja totalmente a tablas. Mata con su gran facilidad. (Podría entonar, como tantos tenores, la romanza de “El huésped del sevillano”, de Luca de Tena, Rioyo y el maestro Guerrero: “Fiel espada triunfadora / que ahora brillas en mi mano”).

En el quinto, como diría un castizo, ídem de lienzo: sale coceando del caballo, se queda corto, rebrincado, pega cabezazos, como una devanadora. José María no se inmuta: con facilidad y empaque, lo mete en la muleta, por la derecha, logra algunas series buenas. Por la izquierda, el toro no tiene ni un pase y le da varios sustos. Esta vez, pincha, antes de la estocada.

Ahora mismo, el peruano Andrés Roca Rey es el nuevo fenómeno que todos los públicos quieren ver: los entendidos, para valorarlo; el gran público, para comprobar si es cierto lo que cuentan de su valor. No tuvo suerte, como sus compañeros, el Domingo de Resurrección pero esta tarde da un paso importante en su carrera: corta dos orejas al tercero, el sobrero “Soleares”, de casi 600 kilos, pone de pie al público. Lo suyo – conviene aclarar – no es sólo valor, que lo tiene de sobra; tiene también mucha cabeza. Por eso, no se emperra – como algunos - en la faena preconcebida sino que varía con rapidez, según la lidia lo vaya pidiendo. En cada momento, sabe dar al toro – y al público – lo que están pidiendo.

Recibe al tercero con buenas verónicas; como flaquea, lo deja casi sin picar. Liga los estatuarios con un cambiado por la espalda que sorprende. Pero hay otra sorpresa mayor: cuando lo cita, el toro sale huyendo del diestro. (Comentan mis vecinos guasones: “¿Le ha dado miedo del torero? ¿Le habrá dicho alguna picardía?”). Sin empeñarse en cambiarlo de terreno, donde el toro quiere – la receta que propugnaba Marcial Lalanda– impone su mando, le deja la muleta en la cara, liga los derechazos de mano baja con arrucinas, le busca las vueltas. El público se ha puesto en pie, entusiasmado. Entra a matar con fe y, aunque el acero queda algo desprendido y la res se amorcilla, acierta el Presidente (esta tarde, sí) al concederle las dos orejas.

Todos desean que corte un trofeo más en el último pero es muy huido, se para, no permite el lucimiento. Esta vez, demuestra su corta experiencia al demorarse, con los aceros. Pero ha conquistado Sevilla con su pasión contenida, que une cabeza y valor. ¡Cómo hubiera disfrutado esta tarde su paisano Mario Vargas Llosa!

FICHA

REAL MAESTRANZA DE SEVILLA. Viernes, 5 de mayo de 2017. Décima corrida. Lleno de «No hay billetes». Toros de Victoriano del Río y Toros de Cortés (3º bis), de juego variado; magnífico el 4º, de vuelta al ruedo.

SEBASTIÁN CASTELLA, de lila y azabache. Pinchazo y estocada defectuosa (silencio). En el cuarto, estocada trasera y tres descabellos. Aviso (vuelta al ruedo).

JOSÉ MARÍA MANZANARES, de celeste y oro. Estocada. Aviso (saludos). En el quinto, pinchazo y estocada (saludos).

ANDRÉS ROCA REY, de verde oscuro y oro. Estocada desprendida (dos orejas). En el sexto, tres pinchazos, estocada y cinco descabellos. Aviso. Sale a hombros por la puerta de cuadrillas.

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