jueves, 6 de noviembre de 2008

Por qué la Plaza de Acho es la mejor del mundo

Desde España, por José A. Esparza, Euzkito:


Es una visión muy personal.

Inicio confesando que soy limeño y que crié mi afición a la Fiesta Brava, asistiendo a la bicentenaria plaza de Acho, llevado desde los 4 años por mi padre, el gran aficionado Eduardo Esparza Anderson, más conocido como Euzko. Trataré de ser lo más objetivo que pueda -aunque dudo conseguirlo-, y daré las razones que me permiten asegurar que este coso reúne todas las características deseadas para albergar de la mejor manera posible un festejo taurino.

Acho y Lima
LA PLAZA Y LA CIUDAD. Acho guarda 242  años de historia taurina. (Foto: Andina/Alberto Orbegoso).

Obviamente, debo empezar por el edificio en sí. Inaugurada en 1766, la antigua plaza de Acho empezó a celebrar festejos y con el paso de los largos años se le hicieron trabajos de refacción, remodelación y ampliación que nos la presentan como luce hoy en día, y el conjunto arquitectónico está declarado Monumento Nacional. Esta última ampliación, en los años 40, es la que especialmente le otorga la característica única a nuestra bella plaza rimense. El aficionado al adquirir una entrada, y trasponer la primera reja de seguridad, sea de Sol o de Sombra, entra como por arte de magia a un conjunto de espacios de los que podrá disfrutar libremente y rodeándose de elementos profundamente taurinos. Aquí quiero remarcar con lo diferente que es ir por ejemplo a Las Ventas de Madrid o a la Maestranza. El ambiente previo a la corrida, se vive furiosamente, pero en los bares cercanos o en la misma calle!

Ninguna otra plaza del mundo es así. Sólo Acho. Ni la catedral del toreo que es Madrid, ni Sevilla, ni Granada, ni Córdoba, ni la México, ni Arles, ni Nîmes, ni Pamplona, ni Cali, ni Quito, ni Medellín, ni Caracas. ¡Que se levante una voz y me diga lo contrario si puede!

Técnicamente hablando, la plaza reúne todas las condiciones de funcionalidad que son fundamentales para el desarrollo de las corridas: un ruedo de 59 metros de diámetro, rodeados de 15 tendidos, dos de Sol y Sombra, seis de Sombra y siete de Sol, bajo 30 arcos apoyados en pilares de madera, a manera de cierre superior, y que dan cobijo a casi 14000 personas. Corrales para el apartado de los toros, corrales y chiqueros para la corrida, y otros corrales adicionales. Enfermería de lujo. Restaurante El Mesón, con todas las instalaciones necesarias para albergar a más de 100 comensales y brindar espectáculos durante el almuerzo previo al festejo. Como escondido bajo el Mesón, se encuentra en un precioso semisótano, el Museo de la plaza, y puedo asegurar que no tiene nada que envidiarle a los museos más importantes de España, tal vez sólo a la sombra del de Granada o el de Córdoba.

Mirador de Ingunza
ROMÁNTICO. Sobre el mítico minarete republicano de Ingunza se ha tejido más de una leyenda. Al pie, el busto de Manolete.

Los patios alrededor del coso en sí, presentan bustos, estatuas, placas, azulejos de la casa Iturry con los ganadores año tras año del premio limeño del Escapulario de oro del Señor de los Milagros, y en fin, mil y un pequeños detalles que hacen que el visitante se plazca de pasear por la plaza. Existen puestos de venta de cerveza, de vino, y algunos otros productos con viandas españolas o platos criollos. Un gran bar en Sombra, una enorme cantina en Sol, y cantantes que con cajón y guitarra los unos, o con guitarra y tablao los otros, nos muestran que los toros es un espectáculo tan peruano como español. Bella, pequeña y riquísimamente adornada es la Capilla de los toreros. Y así, darse una vuelta por las instalaciones de la plaza es una experiencia que no he vivido en ninguna otra del mundo, salvo mejor parecer, pero mucho me temo que llevo razón.

Capilla de Acho
UNCIÓN. Los toreros se encomiendan a la Virgen de la Macarena de Sevilla, la Virgen de Guadalupe de México y al Señor de los Milagros de Lima. (Foto: Web de Vicente Barrera).

Una vez concluida la corrida, el ambiente que se vive, aún dentro de la plaza, ya no en los tendidos sino en todas estas instalaciones, es probablemente el mejor broche de oro a una tarde de toros, ya que transitar entre los miles de aficionados, saludando a unos, bebiendo una copa con otros y finalmente discutiendo dos o tres horas más de cómo fue la corrida, es algo que insisto, no he visto en otras plazas del mundo. Así se va forjando una afición, desde el niño que asiste con un familiar de la mano y escucha a los mayores; luego ese joven que se lanza a decir sus opiniones y luego ya mayor, se convierte en el aficionado de hueso colorao que ha visto ya muchas tardes de toros. Y luego, si se quiere, los aficionados que no quieren que así nomás termine el día taurino, se desplazan al Hotel de los toreros a seguir de cerca con los protagonistas con la tarde, haya sido buena, regular o mala.

Y ahora, la razón que debería complementar todo este escenario arquitectónico, pleno de solera y tradición bicentenaria para poder considerarla la mejor plaza del mundo: el público y la afición limeña. Hasta hace 20 años atrás, el asistente promedio a la plaza de Acho sabía mucho de toros. Sabía callar, sabía esperar, sabía aplaudir lo que es bueno y pitar lo que es malo.

En más de una oportunidad, grandes figuras del toreo creyeron que podían torear en Lima “para la galería”. Pero en pocos minutos se enteraban que al público de Acho no se le puede engañar. Pregúntenselo a todos los toreros que han actuado en Acho.
Sin embargo, y para no ir más lejos, el año pasado 2007, el comportamiento del público limeño dejó mucho que desear, aplaudiendo a rabiar una enorme faena de Ponce, pero ante un animal indigno para Acho. Lo atribuyo sólo a una cosa: las ansias desesperadas de ver toros, con una espera de 11 meses, ha hecho que el aficionado limeño se emocione con más facilidad que antes. Y repito, sin toros, esto no pasa de ser una parodia de la Fiesta Brava. Por esto y otras cosas más, hoy por hoy, el aficionado se ha venido desilusionando con lo que se le ha dado como espectáculo. Razones muchas: la crisis económica, el costo de vida, los honorarios de los matadores en euros y ya no en dólares, etc. El toro de lidia debe volver en plenitud a la plaza de Acho, con edad, trapío y pitones, y ese día y no antes, se iniciará el nuevo renacer taurino en Lima. Implicados están las autoridades, los empresarios, y el aficionado que debería formar una asociación de “abonados y de no abonados -pero asiduos- a la plaza”, y pelear por equilibrar la balanza.

SI LAS PAREDES HABLARAN... Decenas de altos portales rodean la plaza y van a dar a un  largo corredor circular, misterioso zaguán de la plaza.(Foto: Sasko 01/Flickr).

Las empresas en Lima corren demasiados riesgos de pérdida de dinero, y aún no se han dado las condiciones para que un empresario audaz y valiente se atreva a intentar volver a llenar la plaza como antaño. ¿Mejor marketing? ¿Mayor difusión? ¿Carteles llamativos y mediáticos? ¿Cuál es la solución? ¿Hasta qué año debe esperar el aficionado peruano? ¿Será este 2008? Ojalá.




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